Una de las ventajas más destacadas de la fórmula de franquicia es el hecho de que se trata de negocios que cuentan con marcas reconocidas en el mercado. Resulta evidente que, a priori, un negocio del sector retail, hostelería o servicios, que abre puertas bajo una imagen de marca que el público en general conoce a la perfección va a tener, al menos inicialmente, mucho más éxito que uno que lo haga estrenando marca.

Si bien esto es cierto, no es oro todo lo que reluce y la relación causa-efecto no es tan automática como puede parecer a simple vista.

Si analizamos el funcionamiento de franquicias que están muy consolidadas en el mercado y que registran un porcentaje de cierres muy bajo vemos que, aunque como rasgo común todas ellas cuentan con marcas conocidas también poseen otras características que nos llaman poderosamente la atención. Se trata de enseñas que tienen altamente profesionalizada su gestión y que cuentan con una metodología totalmente procedimentada; es decir, se trata de empresas cuya gestión no deja demasiados detalles al azar.

Quiero decir con esto que podemos encontrar franquicias en las que el poder de marca no es tan fuerte, debido a que su penetración en el mercado aún es débil o a que su esfuerzo comunicativo no ha sido tan grande, y que pueden ser modelos de éxito gracias a que cuentan con una gestión profesionalizada en la que existe un buen análisis de la información y una toma de decisiones correcta y fluida. Si, además, se trata de franquicias que han estudiado y documentado cada uno de los procedimientos para asegurar que su forma de hacer las cosas sea replicable y exitosa, estamos ante una buena franquicia. Todo esto muestra que se trata de un modelo de negocio en el que se ha estudiado la forma de atender al cliente, la forma de preparar los productos, de registrar las ventas, etc. El hecho de que todo esté probado evita muchos errores al franquiciado.

Una marca muy reconocida en el mercado no funcionaría a largo plazo si su actividad no cumpliera con las premisas comentadas anteriormente. Así pues, aunque el poder de la marca es muy importante, no lo es todo y no nos debe nublar la vista a la hora de escoger franquicia. Ocurre lo mismo cuando adquirimos un producto de una marca conocida: la marca nos anima a realizar la compra pero si una vez hecha la compra comprobamos que detrás no hay un producto de calidad, decepcionados, no volveremos a comprar.

 

 

 


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